El pasado jueves día 3 de noviembre se despidió de todo su entorno Rosa Vallverdú. Esta frase, que se suele utilizar como una muletilla en este caso fue literal. Rosa se despidió, con una paz de espíritu envidiable dijo que ya estaba preparada para morir, nos pidió a todos que la dejásemos ir y nos prometió que se acordaría de nosotros. Sin perder su sonrisa!
Rosa era enfermera, una gran enfermera. A pesar de pertenecer al mismo equipo no tuve la suerte de compartir con ella esos momentos de camaradería que se producen entre compañeros de turno de un hospital. Solo pude compartir otros que, si bien también te unen, no te permiten conocer tan a fondo todo lo que las acciones de cada cual reportan a los que se encuentran alrededor, sobre todo en momentos de urgencia vital y gran estrés. Quienes sí vivieron esos momentos junto a ella cuentan que sabía tomar decisiones, buenas decisiones.
La vida y la muerte rondan cada día por la Unidad de Cuidados Intensivos Neonatal y Rosa siempre quiso y supo ayudar a los padres que habían perdido a su hijo. La Bioética y el acompañamiento en la muerte fueron parcelas en las que se formó con ahínco. Al enterarse que a mi también me inquietaban esos temas no dejo de recomendarme lecturas y/o ponencias. Gracias a ella conocí y he podido escuchar al profesor Diego Gracia en varias ocasiones (me avisaba si venia a la ciudad)
Gran Señora en la vida, Gran Señora en la muerte. Cuando observó que su lucha contra la enfermedad era ya vana así lo asumió y preparada para morir supo tomar las riendas de esa travesía con el mismo arrojo y decisión con los que siempre lo había hecho en cada paso del camino. Al párroco de su querido pueblo Gelsa le dijo: “Estoy preparada”. Para mi su despedida fue una sonrisa, yo le dije “descansa” con un beso.
El hueco que nos deja no podrá nunca llenarse pero su actitud ante el tránsito debería ayudarnos a sobrellevar su pérdida con igual asunción y paz.
Sentí mucho no conocer el himno a la Virgen del Buen Suceso para cantarlo como fue su deseo pero creo que las últimas estrofas decían
“…cúbreme con tu manto
para llegar al cielo”
Con la seguridad de que llegaste allí y nos vas a cuidar…sirvan estas líneas como mi mejor ¡Hasta luego!
Rosa, Compañera del Alma
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