Al final, y desde el principio, todo es cuestión de actitud.
Todo el mundo habla de ella, la perseguimos: la felicidad. Palabra denostada a estas alturas de la historia de la Humanidad. Se ha convertido en una utopía, un imposible. Decir por decir ya que nadie cree que exista. Puntualizaré, no podemos generalizar, de hecho me cuento entre quienes entienden que ese estado existe. Y uno de mis objetivos de vida es encontrarme en él el mayor tiempo posible.
Es cuestión de actitud.
No podemos esperar a que todo sea perfecto para sentirnos felices. Es suficiente con querer serlo. Estoy de acuerdo que no es literalmente posible sentirse feliz todos los minutos y segundos de nuestra vida pero, con el objetivo en mente, cuando nos hayamos desviado del camino (por la circunstancia que sea) solo hemos de ser conscientes y “regresar” al modo feliz.
Es cuestión de actitud.
Tan simple como encontrar la manera de utilizar los músculos de la cara que dibujan una sonrisa. Tan simple como respirar hondo y colocarse en una postura recta y franca.
Tan simple, si quieres.
Ambos “ejercicios” te hacen sentir bien de manera inmediata. Convierte en rutina esas dos herramientas y podrás echar mano de ellas cada vez que seas consciente de no sentirte bien.
Llegamos al meollo. Hemos de ser conscientes, tener conciencia de cómo somos, cómo nos sentimos y, lo que es más importante, como queremos ser y cómo nos queremos sentir. Sin ese trabajo interno previo y con el objetivo claro en mente nunca llegaremos a lo que “creemos” desear.
Es cuestión de actitud.
¿Quién quiere ser feliz? Imposible otra respuesta que “Yo quiero”. Confía, sonríe y ten la total intención de serlo. El resto llegará de forma natural.
@JuaniAbadía
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